Puedo escribir las historias clínicas más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: “la guardia está estrellada, y tiritan los EPOC reagudizados, azules, a lo lejos”.
El disco de la noche gira en la bomba corazón-pulmón y el perfusionista canta los minutos que quedan de clamp.
Puedo escribir los informes para el balneario más tristes esta noche.
Yo le quise dar el alta y a veces ella también quiso, pero no se pudo.
Yo te curé un poco el cuerpo y el alma, y tú también me remendaste un poco la mía.
Puedo contar que me has dicho en la consulta que vas a colapsar como la Unión Soviética,
que tienes una brida en el alma (ata).
Es tan largo el ingreso y tan corto el tiempo pasado en casa.
Puedo firmar los partes de defunción más tristes esta noche,
poner de causa fundamental que moriste de revolución,
ponerte en causa inmediata que moriste de soledad.
La ausculté tantas veces bajo el aire acondicionado infinito.
Ella me quiso porque no se me cambió de cupo, a veces yo también la quería.
Cómo no haber explorado los traveses de más de su hígado.
Puedo firmar las recetas más tristes esta noche, de cloruro mórfico o así.
Pensar que no la tengo, sentir que la he perdido.
Oír la sala de espera inmensa, más inmensa sin ella.
Y la tira reactiva que vira a dos rayitas rosas, como la conjuntiva se humedece.
Qué importa que tenga que derivarla.
La agenda está hasta arriba y me quedan otros 40.
Eso es todo. A lo lejos alguien se retuerce de dolor. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con que la vea el de urgencias.
Como para acercarla mi Diclofenaco intramuscular la busca.
“Mi” enfermera la busca, y ella se va a la sala de curas.
La misma tarde que hace que llegues a menos cinco y tenga que quedarme hasta y media.
Nosotros los de entonces somos siempre los mismos.
Estoy hasta la polla de ser médico de familia, es cierto, pero cuánto me gustaba.
Me pasé la juventud entera para ver un día a mis pacientes de siempre en mi consulta.
De otro. La consulta será de otro. Como de antes mis sueños.
Su síntoma, su anamnesis reposada. Su exploración.
Ya no quiero, es cierto, pero tal vez quiero.
Es tan corta la ilusión por ser médico de familia y tan largos los años haciendo guardias.
Porque en noches como ésta soñaba en que hacía algo provechoso en la medicina de familia,
mi alma no se contenta con haberlos perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.  
No se pierdan ustedes esta joya de colección.
Carta del Sr. Presidente del Colegio de Médicos de Salamanca, Dr. Manuel Gómez Benito, en la Revista Salamanca Médica, revista oficial del Colegio de Médicos de Salamanca, número 50, Septiembre-Noviembre 2015.
Tras comentario crítico por twitter la carta dejó de aparecer en la página web, qué casualidad!
Éste es el nivel.
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“SEGURO COLECTIVO DE SALUD PARA MAYORES DE 64 AÑOS.
Dada la oportunidad de poner en marcha un seguro colectivo de salud muy ventajoso para los médicos mayores de 64 años que lo deseen suscribir, de manera voluntaria y sin límite de edad, pongo en vuestro conocimiento el acuerdo al que el Colegio ha llegado, con la aseguradora ASISA, que espero sea de vuestro de interés.
Llegados a esta edad, somos invisibles para los demás. Nada que objetar; somos como los demás mortales. Pero lo que no podemos comprender, ni aceptar, es que hayamos perdido toda posibilidad de ser atendidos en nuestro hospital, en el que hemos trabajado 40 años o más. Pero es así. No es culpa de los médicos que siguen en activo. Un escaso número se acuerda de nosotros. Están agobiados en sus consultorios, con sus listas de espera inabordables, y ni nosotros mismos nos atrevemos a pedir a un favor para una atención médica.
Dispongamos de nuestra propia Sanidad privada. Paguémosla y, sin recomendaciones, ni favores, seamos atendidos por compañeros que defienden, mantienen y prestigian esta Medicina.
El Colegio Oficial de Médicos ha conseguido que la compañía aseguradora ASISA ponga a nuestra disposición sus cuadros médicos locales y nacionales, si bien sólo para consultas diagnósticas y tratamientos médicos, con derecho a todo tipo de métodos complementarios de diagnóstico, según se adjunta en las coberturas. Hasta hoy no existía un seguro de estas características, pues a partir de los 64 años no se hacen pólizas en estas condiciones. Puestos de acuerdo con la citada aseguradora, vamos a ser pioneros en este modelo, y con nuestros cónyuges o parejas disfrutaremos y estaremos respaldados por nuestros colegas en una Medicina que ya se ha demostrado competente, ágil y cómoda.
Urgencias incluidas, incluso en el extranjero (además de otras coberturas), hemos conseguido unas primas rebajadas en un 70 o 75% respecto a las pólizas privadas que al médico mayor de 64 años le permitan ser atendido con la dignidad a la que tiene derecho, sin límite de edad, sin cuestionario de salud, sin periodos de carencia, etc. Si bien dadas las condiciones de la póliza ya descritas, la compañía ASISA cree justo establecer un compromiso mínimo de un año en el mantenimiento de la suscripción. 
Deciros, por último, que cuantos más seamos más reforzaríamos las ventajas para nuestro colectivo médico en una compañía que es cooperativa de médicos y mantiene el compromiso que se adquiere con la firma del acuerdo en todos sus términos. Hasta ahora hemos estado fuera de esta asistencia sanitaria que se hace sin trabas, sin espera y con una atención como los médicos sabemos hacerlo.

Te rogamos que si estás interesado en este servicio, entregues la solicitud lo antes posible en el Colegio”. 

Pusieron los dos cuerpos encima de la cama, de lado, uno enfrente del otro. Se produjo un efecto sinérgico en el que uno más uno era mucho más que dos. Como el efecto que se produce en una sociedad o grupo humano cuya resultante es mucho mayor que la suma individualizada de sus miembros. Del mismo modo, es mucho más una cama de 1,50 que dos de 75. A veces la realidad guarda vestigios de un tiempo ancestral, y la cama conserva las dos almohadas separadas de los tiempos de la prehistoria o de la soltería.

Pusieron los dos cuerpos encima de la cama, de lado, y se enfrentaron como se enfrentan los dos hemisferios cerebrales. Que un cuerpo o un hemisferio sea el dominante y otro el dominado es una construcción social y biológica, respectivamente, pues ambos son perfectamente idénticos, o al menos biosimilares.

Estas estructuras se enfrentan buscando y exponiendo las facetas que las hacen compatibles, como los huesos hacen con las carillas articulares, encontrando la congruencia perfecta.

Hay personas que (se) casan de manera biológicamente determinada, pero el paso del tiempo hace que comiencen a aparecer osteofitos y geodas que terminan haciendo cisco la articulación, y llega un punto que o se pone una nueva o ya no hay nada que hacer, porque acontece la artrodesis del amor.

A veces hay suerte y los cuerpos y los huesos se las arreglan para hacerse con un cartílago o un amante con el que protegerse del paso del tiempo.

Pusieron los dos cuerpos encima de la cama, de lado, y buscaron un modelo biológico para comunicarse. Los hemisferios se comunican con una estructura que se llama cuerpo calloso y unas fibras que (con)forman la cisura interhemisférica. Los humanos se comunican conectando sus genitales a través de unos líquidos más o menos espesos y de ph antagónico. Se establecen flujos. Las facetas articulares se sumergen en el líquido articular. Con el líquido siempre resbala todo más. Eso se aprende bien cuando se bebe, que te da todo más igual.

En ocasiones dos personas que no se deben comunicar lo hacen contra todo pronóstico, y la disolución de una en la otra prepara la de San Quintín. Sucede con las personas de distintas clases sociales que terminan juntos. Le pasa lo mismo que a las aurículas. Cada una está en un sitio con un tabique más o menos grueso que las separa, y que no deja que se mezclen los fluidos. Cuando por una anomalía congénita o social ese muro presenta una dehiscencia, comienza a pasar flujo de un territorio a otro, y la mezcla venosa (sangre azul, aristocrática) y arterial (roja, obrera) anega los dos territorios y se prepara tal cristo que ya no se sabe cuál es cuál. Le haces un ecodoopler a eso y haces petar la máquina.
Fui a su casa varias veces a ver a su hermana. Un tumor cerebral, dos meses como mucho. Gran letargia, funciones mínimas, casi nulas. Casualmente vivían al lado mío. Me inquietaba vivir tan cerca y haber permanecido ajeno hasta entonces a esa sucesión dramática de acontecimientos que se desarrollaban tan cerca de mi vulgar cotidianidad, mientras yo hacía de vientre o la colada.

El otro día leí ésto y pensé que ése era mi destino.



Yo también quería vivir todas las vidas. De lo que no estaba tan seguro es si eso podía ser manía o épica. “Uno elige un camino donde hay 100”, dice Juan Gérvas.

En cualquiera de los casos seguí a aquella paciente muy de cerca. Cada noche yo volvía a casa de intentar vivir unas vidas, y según pasaba miraba hacia la ventana de su habitación.

Solía venir tarde y la persiana estaba bajada por lo general. Unas veces a cal y otras a canto. Algótras veces dejaba esos pequeños resquicios por donde se adivinaba la luz. Como esas personas que se cierran en banda pero a las que se les logra ver el interior a través de las costuras o de pequeños resquicios, que dejan no se sabe si un poco voluntariamente. Me encanta tirar del hilo de las personas.

En otras ocasiones la persiana estaba subida, la cortina corrida y la luz dada, como sucede cuando es ya de noche y no lo quieres aceptar… y piensas que aunque tengas que dar la luz, si logras no bajar aún la persiana el día puede continuar, al menos adentro de tu alma y de tu celebro. O como sucede cuando hay que volver a casa después de una buena borrachera y te empeñas en continuar…y piensas que aunque afuera sea de día, si bajas la persiana la noche puede seguir hasta que se extinga en tu alma, en tu celebro o en tu botella.

Dar la luz sin bajar la persiana y sin correr las cortinas en medio de la noche debe ser como salir desnudo a la calle. La noche hace (e)vidente a la luz. Las muelas hacen evidente al agujero que queda en medio porque falta una.

Por el día es diferente, y si tienes corridas las cortinas puedes jugar a estar o no en casa, nadie sabe. Es como cuando estás en el  Skype en la opción de “No disponible” pero en el fondo estás dentro.

Cuando regresaba a casa su luz casi siempre estaba encendida. Llegaba tarde porque una vida nueva es difícil vivirla a las siete de la tarde, pero también a las 4 de la mañana, sobre todo un día de diario, así que hay que calcular muy bien, es muy jodido. A mí me gustan los turistas, los estudiantes y el personal sanitario que hace guardias o turnos porque no distinguen bien los días de diario y los festivos. Siempre me han parecido muy curiosos los días de diario como para dejar de sacarles todo el jugo y el potencial como objeto de análisis, y pasarlos realizando una vulgaridad tan grande como trabajar y no estudiándolos. Me gustan porque esos días la gente es la gente de verdad, y no excepciones de festivo que no llevan a ninguna parte sociológicamente hablando.

Me propuse adivinar en las siguientes visitas el motivo de la luz encendida tan tarde. Me fijé bien (la inspección en Medicina, en Criminología y en la vida es lo primero, sobre todo para visar fármacos) y vi un ordenador en la mesita de estudio contigua a la cama. Pensé que su hermana se quedaba allí hasta tarde y que si no le molestaría a la enferma la luz. A continuación reparé en que cada vez que iba a verla le enchufaba un haz de luz de 1300 lúmenes sobre cada pupila, lo que provocaba la repulsión del músculo constrictor de la pupila que se encogía como una lombriz seguramente pensando: “ya está aquí el hijoputa éste”.

Otras veces la luz que estaba encendida era la del salón, y yo imaginaba una escena cálida de diario y cotidiana, que siempre ansiaba vivir por construirla como apetecible en mi mente. Luego nunca la construía así en el presente de mi casa. Yo sólo era capaz de reconstruir la vida desde fuera. Hacerlo desde dentro me parecía también una vulgaridad. Así me iba.

Siempre que estaba de guardia y salía a hacer domicilios me pasaba eso. Miraba a las luces de las habitaciones encendidas en medio de la noche y era capaz de reconstruir una escena casi siempre deseable. No hay cosa que más me guste que ver una luz de una casa encendida de madrugada e imaginar qué se está haciendo dentro. Es como un voyeurismo antropológico y social. Nunca pensaba, por ejemplo, que era la enfermedad la que encendía la luz, no entraba eso en mis esquemas. Por eso mi paciente y su hermana me los rompían.

La hermana era muy colaboradora y muy digna. Me había pedido que cuando vislumbrara el final ingresara a su hermana para que falleciera en el hospital. Decía que ella la cuidaba lo que hiciera falta, pero que no podría soportar que falleciera en casa.

Yo preví que el fallecimiento se acercaba y la trasladé, pero es difícil a veces atinar con estas cosas. Me sentía mal por si la hubiera mandado muy pronto y luego se tiraba allí tres meses. Les podría generar al servicio así a la bobada un outlier que provocara un cambio en la medida de tendencia central para estudiar la estancia media. Poca broma.

Así que todos los días cuando pasaba, miraba a la ventana esperando una señal. Un día, la persiana bajada transmutó en una ventana abierta de par en par con las cortinas ondeando al viento, que parecía que en vez de entrar desde fuera, salía desde dentro, como en una figuración propia de las películas. Bien pensado supuse que había fallecido bastante antes, pues interpreté aquella apertura como una manifestación de ventilación de todo el (d)olor.

No podía dejar de mirar hacia su ventana todos los días al pasar. Me encontré varias veces con su hermana por la calle y al principio me saludaba con la fascinación y la sorpresa del que descubre que el médico vive cerca. Luego la relación se fue agotando en sí misma porque no había nada más, y llegamos a ese punto en que comenzamos a vivir como un alivio no saludarnos.

Hoy reparé al llegar a casa que ya no había mirado a la ventana al pasar. Me di cuenta entonces de que mi paciente acababa de morir. 


Tengo un trabajo de la hostia y mucho tiempo libre en consecuencia. La verdad es que me sobra el tiempo por los cuatro costados y no sé qué hacer con él. Un día me quise hacer el normal y un amigo mío, el Javi, me dejó que le acompañara. 
Me levanté a las 5 de la mañana para ir al MercaSalamanca a por fruta, luego descargamos en la tienda y me pasé toda la mañana aguantando requerimientos infundados de señoras que no tardarían más de 5 años en fallecer. Una cosa muy parecida a la consulta de Atención Primaria. Al final de la jornada fuimos al bar de al lado y tuve que beber tres cervezas, y luego me tuve que cagar en la puta madre de Cristiano Ronaldo siete veces. Llegué a casa fundido y sólo pude que eructar antes de caer rendido en la cama. Ése día llegué a la conclusión de que no me mola un carajo ser normal.
Al día siguiente decidí meterme en una página web de ésas de contactos, para pasar el tiempo. Seleccioné mi ciudad y al primero que vi ahí fue a mi amigo Javi el frutero juas juas. Decidí enseguida que no podía arriesgar mi imagen y mi prestigio profesional exhibiendo mi careto de esa manera. Así que me metí en el perfil de Facebook de uno de mis amigos argentinos y fui tirando de la cuerda secuencialmente hasta llegar a un amigo de amigo de amigo. Me llamó la atención un chico de mi edad, pero bien parecido, que tenía pelo y el perfil en abierto. Tenía como que 6 fotos de buena calidad y además en 3 de ellas salía con un caniche, lo que pensé que daría mucho juego. Las bajé, me hice una cuenta falsa con ellas y comencé a operar.
Me parecía impresionante que un chico argentino diera el pego perfectamente por uno español hasta que no le hiciera hablar. Tuve una duda ética trascendente. Y es si por respeto a la realidad tenía que hacerle hablar en argento o en castellano. Decidí que en castellano porque independientemente de lo cualitativo, en lo cuantitativo los argentinos hablan mucho y yo no tenía ganas esa tarde de oraciones subordinadas. Enseguida me di cuenta de que la mayor parte de la gente que participaba en esa página no tenía estudios superiores, así que tuve que comenzar a escribir adrede con faltas ortográficas.
La verdad es que me molaba la sensación de estar pilotando un cuerpo con mi mente. Como soy tan negado para las relaciones personales, tenía que tener cuidado de no cagarla con ese cuerpo serrano con mi personalidad, así que empecé a comportarme como yo creía que él era. Tuve que parecer orgulloso, seguro de mí mismo, no tener vergüenza de nada y ser un poco gilipollas, que así es como siempre ha sido la gente que ha triunfado en los bares por la noche. Por eso yo nunca me he comido un rosco.
Pensé que igual que se me daba bien desenvolverme en Argentina con la mente española, tampoco debía ser tan difícil recorrer el camino inverso aunque fuera en Internet. De todas las maneras, intentaba hablar lo menos posible y dar las menos explicaciones, como hacen los guapos y los mentirosos, para no cagarla demasiado.
Me moló un montón ver desfilar por aquellos perfiles de la página web a míticos y míticas de mi ciudad y a jovenzuelos irreconocibles ya, pero en su día históricos de mi juventud. Volver a entrar en su vida desde esa posición y pasado tanto tiempo me parecía una cosa realmente fascinante. Una oportunidad que habría que ser gilipollas para dejarla escapar así porque sí, debido a cualquier tipo de prejuicio o salvedad moral. (Menos de 5 contradicciones es dogmatismo, dice @Hibai_). Eso era un grupo Delphi de la vida, con todas las de la ley.
Comencé a observar que había dado en el clavo con mi plan. Todo lo que nunca había conseguido en la realidad y en la pista de baile me salía ahora a pedir de boca. Era la primera vez en la historia de la ciencia que se alcanzaba la significación estadística con un experimento sociológico y por ende cualitativo. Me vine tan arriba que le dejé un mensajito a mi amigo Javi en forma de cebo a ver si picaba jejej. Lo que tenía era muchos problemas para gestionar adecuadamente las historias cuando se acercaba el momento de plantear un encuentro físico. Al igual que triunfaba en las primeras fases, lo hacía fatal ahí, y perdía todo lo conseguido, me temblaban las piernas y me daba la taquicardia como cuando tenía que dar el primer paso yo para besar en mi tierna adolescencia. Que nunca se sabe cuál es el momento ideal. Pasa lo mismo que con la paracentesis.
   
Era tal el desconcierto que tenía que empecé a sentir hasta pena por el chaval argentino. Todo lo que se estaba perdiendo y no lo sabía. Me quedé flipado con Javi, que le entraba al trapo sin dudarlo jajajaj. Le contó al colega argento lo de la fruta y tal, pero muy distorsionado el cabrón, se hizo pasar por mayorista el hijoputa.
Un día que estaba saliente de guardia como hoy, y por tanto fuertemente frontalizado (si no no estaría contando esto ni de coña, vamos) tuve la feliz idea de contactar con el argentino y de decirle lo que estaba aconteciendo. El tío lejos de extrañarse le pareció cojonudo y comenzó a llamarme “loco” todo el rato. Que si loco esto, que si loco lo otro. Decía que era un loco. Luego supe que para ellos y su jerga “loco” es como “flaco”, que yo me hacía ilusiones por mi figura pero que no me llamaba porque lo fuera, sino que es una manera de hablar de allá.
Le dije que íbamos a hacer una prueba más, que yo le iba a mandar unas fotos mías para que las pusiera en allá en Buenos Aires y que se hiciera pasar por mí. Me contestó que vale pero que no me conocía de nada, así que le otorgué libertad de cátedra, a condición de que no se representara a sí mismo, porque en el ligoteo lo diferente y lo exótico siempre es un activo. Como los activos en salud pero en el Badoo.
Yo tenía un plan perfecto trazado. Si todo salía como yo pensaba, mi imagen con su personalidad triunfarían en Buenos Aires y su imagen con mi personalidad triunfarían en España. Para ser fieles a la realidad y como venganza a las contradicciones del amor, decidimos dejar nuestros nombres de pila en nuestros países de origen, para que “nuestro nombre no se borre de la historia”, en un homenaje callado a las 13 Rosas totalmente sacado fuera de contexto y por el que podías perder la carrera como escritor y quizá como político por un puto desafortunado símil como ése en un relato tan distópico como éste.
Yo le iba ofrecer venir a España, a mi casa, a cerrar todo lo que yo le había dejado pendiente, la mayor parte para llegar y besar la santa. La idea era que yo también fuera a la suya. La historia era que él vivía con sus padres, así que a ver cómo lo justificábamos ante ellos. Le propuse que dijéramos que íbamos a hacer intercambio de estudios.
“Si yo no estudio”, me dijo.
“Bueno joder… pues un intercambio cultural….”, le dije yo. En el fondo él vivía en un sitio de la periurbana de Buenos Aires que se llama “Lomas de Zamora” y yo vivo al lado de Zamora.
La cosa es que me comenzó a gestionar el perfil con mis fotos en Buenos Aires y la cagaba todo el rato porque iba el tío y escribía con asento y con jerga: “diosito”, “poronga”, “el Papa es montonero”, “uuuuhhhhhhh, qué lindo”…. en fin… y todo el mundo se daba cuenta de que era un camelo.
Así que yo que quería volver a Buenos Aires me quedé en Castilla y León. Casi igual. En cierto modo la siberia de los Campos de Castilla podría asemejarse a la Patagonia, pero no sé bien por qué pero no es el caso.
Así que me tocó alojar a mi nuevo amigo argentino en la casa, cocinar para él y distraerle y además de todo ver cómo triunfaba el cabrón. Además tuve que ir a buscarle sorrentinos, que en España son jodidísimos de encontrar.
En el momento de quedar con las chicas se producía una discordancia entre lo visto y leído y que luego él hablara argentino. Unas veces eso se salvaba estupendamente y otras hacía estropear todo. Le tenía que recordar todo el rato que hablara con faltas de ortografía.
La verdad es que me tenía muy quemado toda esa situación, estaba hasta los huevos.
Así que le agarré un día por banda y lo llevé de litros como en los tiempos de la Universidad. Nos agarramos los dos una buena cogorza, pero sobre todo él. Yo mantuve un poco de control para ejecutar mi último plan. Cuando el argento estaba bien templao avisé a Javi, que se quedó flipado cuando le vio junto a mí. Yo me hice el borracho como que no me enteraba de nada. Les dejé a los dos en mi casa. Aquella noche me fui a una pensión. Nunca supe nada de lo que pasó, ni quise saber jajjaja. 
Unas palabras sobre Osteoporosis y alrededores con las compañeras y compañeros de Río de Janeiro

Memorias completas de un médico de familia español en Río de Janeiro, Brasil.

Yo le decía que me hubiera gustado que igual que la chica en la que Sabina se inspiró para escribir “Con la frente marchita” en Argentina era montonera, fantaseaba con que ella fuera del “Comando Vermelho”, pero no era el caso.

A cambio, le prometí escribir una canción para convertirla en la Garota de Copacabana como imagen especular de la de Ipanema, pero se ve que la letra me está saliendo un poco larga.


Y ya no me queda más tiempo. Me tengo que ir ya. Yo no tengo el tiempo, la tranquilidad, la paciencia y la insistencia de Lula. Yo soy un bala perdida en España y eso lamentablemente es una cosa muy seria en Río. Sólo me queda un último segundo para recordar su piel crocante y peluda como la del frango. Para recordar que ella pensaba que se trataba de una lucha de lenguas pero en realidad era la lucha de clases. Para que (me) inspirara con su nariz carioca en mi pecho. Para decirle que es una piedra angular y preciosa en mi vida.


Sólo me queda besarte por última vez en Cinelandia. Prometer llevarte a Disneylandia. Besarte en los morros. Sacarte del planeta tierra con el platillo volante de Niemeyer. Esperarte media hora más en la librería del CCBB. Esperarte con la urgencia de las parejas que aguardan habitación en el hall de los moteles. Tocarte con la tristeza del pianista del shopping no Leblon. Espiarte a través de los espejos en el Colombo. Hacerte enfadar por dejar goteando el filtro del agua gelada. Beber agua de la canilla para hacerme el valiente. Prepararte el café de mañana y el de pasado mañana. Aparentar que me encanta la Bossa Nova. Pasarme tu hilo dental por mi boca. Obtener la mirada censora por repetida del taxista en el espejo retrovisor por progresar demasiado. Derretirme cuando colocas así la lengua y los dientes y me dices gatinho. Hacerte un arrastrón para robarte el corazón. Hurtarte el alma y un beso en cada semáforo en rojo. Emborracharnos de barra en barra hasta llegar a la de Tijuca. Ser tu pan de azúcar y de queso. Enamorarme de ti, de Río y de Brasil con la misma que intensidad que Don Joao.


Y finalmente secesionarme de todo con la misma tranquilidad que lo hizo Brasil del imperio portugués, para continuar adelante”.

La gávea from Rober Sánchez
Debes de tener unos 47 o así. Ayer llamaste otra vez. Hacía que no nos veíamos. La última vez hace un año. Tu madre se estaba muriendo aquella noche. Macuerdo que estaba de mala manera con una infección respiratoria, con ruidos de secreciones, disnea y los labios morados. Le casqué todo lo cascable. Las buscapinas, corticoides, una ampolla de mórfico y hasta el midazolam. Supuse que si pasó de aquella noche debió fallecer en los siguientes días.


Tu madre tenía una demencia severa desde hacía 11 años. Aquella noche lloraste mucho, macuerdo.


Esta vez volviste a llamar y no supe que eras tú hasta que te vi en el recibidor. No esperaste y te pusiste a llorar ya en el jol en cuanto me viste. Me di cuenta enseguida de que tu madre no había muerto. Que había pasado un año entero y que no había muerto.


Tu madre lleva 11 años sin conocer a nadie. Se mea y se caga encima y no habla. Tiene los ojos cerrados. No siente ni padece. Tú tenías un trabajo y lo dejaste por cuidarla. Llevas 11 años sin trabajar, cuidándola. Eres hija única de esas familias que no tienen familia cercana y que la lejana vive toda a tomar por culo. No tienes a nadie que te ayude. Te pasas 24 horas prácticamente a pie de cama.


¿Cómo haces para ir a la compra? te dije. La tengo que dejar sola. Subo rápido.


Tu padre vive, está muy cascado de las piernas y de no sé qué, pero rige algo todavía. Lo tienes desde hace poco en una residencia en un pueblo de la provincia, porque es más barato.


¿Por qué no la llevas a ella allí? No tengo dinero. Pide la ley de dependencia. Me dan 400 al mes y tiene una pensión de 600. Las residencias de la ciudad me cobran todas más de 2000 y no tengo dinero. No trabajo.


Me entra el ansia nacionalizadora, de ésa que si te dejan nacionalizas todo en el próximo minuto.


Comienzo a hacer cálculos y veo alguna posibilidad, pero quién soy yo para decirte a ti cómo tienes que hacer las cosas. Sin conocerte, sin conocer a tu padre. Y sin conocer detalles que probablemente invaliden mis propuestas salvadoras de 3 minutos de evolución.


Alguna solución tiene que haber, habla con la trabajadora social. Ya he hablado. Habla con tu médico de familia. Ya he hablado.


¿Cómo come ella? Le levantas la camiseta y me enseñas la PEG. ¿Y esto? te digo. Se lo pusieron en el hospital hace dos años y medio. Cuando me ves la cara me cuentas que el médico no te preguntó, que se la puso y fuera.


Se me acaban los cartuchos. Tú lloras y lloras. Ya no sé qué hacer, dices.


Lo que te voy a decir no sé si es correcto o legal pero sabes que lo único que puedes hacer es dejar de darle comida por la PEG. Ya lo he pensado, me dices.


Acto seguido me doy cuenta de que debes de contar con la aquiescencia del médico de familia y la enfermera para que le pongan unos sueritos o algo. Dos actores más en la película ya dificultan más las cosas, supongo.


En ese momento quiero ser de nuevo médico de familia que pasa consulta aunque sólo sea para consentir, facilitar y proteger ese tipo de decisiones.


Cuando vuelvo al centro se lo comento a una compañera. Qué dices, me dice, y con qué cargo de conciencia se va a quedar luego la pobre mujer.


Ah, claro, el cargo de conciencia.


Piénsalo, te digo en el jol. Tú sólo lloras. Sé que no lo vas a hacer.


Meto el maletín en el coche de un golpetazo, piso el acelerador a tope y arranco a toda hostia, como en Historias del Kronen. 


No podía sino hacer un análisis de esta regresión, que no me parecía logística. Creo que se trataba de un amor variable. De un muestreo por conveniencia. Comenzamos enseguida con la desviación típica de las parejas. Te diste cuenta rápidamente de que aquello no era normal. Me explicaste tu teoría de que habíamos llegado al límite central. Que ya no quedaba más confianza para este intervalo. Que querías más grados de libertad. Que tenías una hipótesis y un plan alternativos. Que yo no era significativo para ti. Que no tenía sensibilidad. Que parecía optimista pero que en el fondo era un falso positivo”.

http://www.sietediasmedicos.com/zona-franca/opinion/item/5502-tecnicas-de-salud#.VaaX1fntmkp
Reconozco que acepté ese trabajo para hacer guardias yendo a ver a los pacientes a los domicilios porque era la última oportunidad que me quedaba de salir por las noches. Uno de los signos patognomónicos de la treintena es que a la vez que la noche pierde interés como campo de batalla y/o mercado del amor, la vida se va convirtiendo en algo en cierto modo decadente, probablemente mediante una relación causal entre ambos acontecimientos. A los treinta se renuncia a la población diana para, mediante los criterios de inclusión y exclusión, quedarte con la población accesible, y al final conformarte con una muestra elegida mediante un muestreo no probabilístico, a conveniencia. Pasas de tomar Chi(vas al) cuadrado en las discotecas a tomar por las tardes tés de Student.

http://www.sietediasmedicos.com/zona-franca/opinion/item/5091-noches-de-gloria#.VPXqNfmG-3I